DIETA YIN Y YANG
¿En qué se basa? Yin y yang era la forma en que los antiguos
orientales aludían a los alimentos que más potasio o sodio contenían. De
ahí que los alimentos yang sean catalogados como densos, pesados, calientes; y
los yin, como expansivos, ligeros, fríos. Son nombres diferentes para un mismo
concepto, ya que hoy sabemos que, en bioquímica, la bomba sodio-potasio es
clave en la fisiología de las células. A nivel arterial, el exceso de
sodio contrae los vasos y aumenta la presión sanguínea; el potasio los relaja y
reduce la presión.
¿Qué comen sus seguidores? Con sus menús de cereales
integrales, verduras y legumbres, algas y sopas, la macrobiótica anima al
consumo de productos de estación y de cultivo local, preferentemente
biológicos, lo mismo que comer en horarios regulares, masticar muy bien y
evitar alimentos procesados y con aditivos químicos. Shiatsu, masaje tailandés,
acupuntura, yoga o meditación son técnicas complementarias para lograr ese
equilibrio cuerpo/mente que pregona.
¿Qué alimentos hay que evitar? Los neófitos deben
aprender a evitar los lácteos, la carne roja y los huevos; las hierbas
aromáticas y especias; el azúcar y las frutas tropicales; a cocinar sin
tomates, pimientos, patatas, calabacines o berenjenas, por su carácter de «yin
extremo», según los clásicos, y «por su contenido en el alcaloide solanina,
que, se cree, afecta a la absorción de calcio y se asocia a inflamación y
osteoporosis», según los expertos de SHA.
¿Todos los seguidores comen lo mismo? La macrobiótica
tiene en cuenta el yin o yang de las estaciones (el invierno, frío y húmedo, es
yin; el verano, yang) y la personalidad individual. A una persona débil y
precavida se le recomiendan, por ejemplo, alimentos que potencien el yang:
pescado, alubias, avena integral, verduras de raíz; a alguien incapaz de
relajarse, alimentos que estimulen el yin: ensaladas, verduras, frutas frescas.
En cualquier caso, los cereales integrales deben ser el 50 por ciento de la
dieta porque son los más equilibrados. Además del trigo, el centeno, la cebada
o la avena, la macrobiótica utiliza la quinoa, el trigo sarraceno o el mijo;
una lista más nutritiva que la de la dieta occidental, dominada por harinas de
trigo refinadas.
¿Qué dicen los críticos? Voces críticas señalan, sin
embargo, que la macrobiótica, al estar basada en la cultura japonesa, evita
muchos alimentos comunes en los países mediterráneos con contrastados
beneficios para la salud. Objetan también que el ser muy baja en grasas no es
necesariamente bueno: nuevos estudios han comprobado que una dieta mediterránea
rica en aceite de oliva virgen extra y en frutos secos es más beneficiosa para
la salud que una pobre en grasas. Los críticos señalan también que la
macrobiótica pone gran énfasis en los cereales integrales, lo que aumenta el
riesgo de desequilibrios nutricionales. Restringir, por último, en exceso las
proteínas animales (incluidos los pescados y mariscos) puede dar lugar a
déficits de vitaminas del grupo B, hierro, cinc y ácidos grasos omega 3.
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