viernes, 6 de noviembre de 2015

DIETA YIN Y YANG

¿En qué se basa? Yin y yang era la forma en que los antiguos orientales aludían a los alimentos que más potasio o sodio contenían. De ahí que los alimentos yang sean catalogados como densos, pesados, calientes; y los yin, como expansivos, ligeros, fríos. Son nombres diferentes para un mismo concepto, ya que hoy sabemos que, en bioquímica, la bomba sodio-potasio es clave en la fisiología de las células. A nivel arterial, el exceso de sodio contrae los vasos y aumenta la presión sanguínea; el potasio los relaja y reduce la presión.
¿Qué comen sus seguidores? Con sus menús de cereales integrales, verduras y legumbres, algas y sopas, la macrobiótica anima al consumo de productos de estación y de cultivo local, preferentemente biológicos, lo mismo que comer en horarios regulares, masticar muy bien y evitar alimentos procesados y con aditivos químicos. Shiatsu, masaje tailandés, acupuntura, yoga o meditación son técnicas complementarias para lograr ese equilibrio cuerpo/mente que pregona.
¿Qué alimentos hay que evitar? Los neófitos deben aprender a evitar los lácteos, la carne roja y los huevos; las hierbas aromáticas y especias; el azúcar y las frutas tropicales; a cocinar sin tomates, pimientos, patatas, calabacines o berenjenas, por su carácter de «yin extremo», según los clásicos, y «por su contenido en el alcaloide solanina, que, se cree, afecta a la absorción de calcio y se asocia a inflamación y osteoporosis», según los expertos de SHA.
¿Todos los seguidores comen lo mismo? La macrobiótica tiene en cuenta el yin o yang de las estaciones (el invierno, frío y húmedo, es yin; el verano, yang) y la personalidad individual. A una persona débil y precavida se le recomiendan, por ejemplo, alimentos que potencien el yang: pescado, alubias, avena integral, verduras de raíz; a alguien incapaz de relajarse, alimentos que estimulen el yin: ensaladas, verduras, frutas frescas. En cualquier caso, los cereales integrales deben ser el 50 por ciento de la dieta porque son los más equilibrados. Además del trigo, el centeno, la cebada o la avena, la macrobiótica utiliza la quinoa, el trigo sarraceno o el mijo; una lista más nutritiva que la de la dieta occidental, dominada por harinas de trigo refinadas.
¿Qué dicen los críticos? Voces críticas señalan, sin embargo, que la macrobiótica, al estar basada en la cultura japonesa, evita muchos alimentos comunes en los países mediterráneos con contrastados beneficios para la salud. Objetan también que el ser muy baja en grasas no es necesariamente bueno: nuevos estudios han comprobado que una dieta mediterránea rica en aceite de oliva virgen extra y en frutos secos es más beneficiosa para la salud que una pobre en grasas. Los críticos señalan también que la macrobiótica pone gran énfasis en los cereales integrales, lo que aumenta el riesgo de desequilibrios nutricionales. Restringir, por último, en exceso las proteínas animales (incluidos los pescados y mariscos) puede dar lugar a déficits de vitaminas del grupo B, hierro, cinc y ácidos grasos omega 3.

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